El Parque San Borja, es un lugar que tiene su historia, ahí ha pasado de todo. Ha visto situaciones de gran congoja y repudio nacional, como el asesinato de Daniel Zamudio a manos de un grupo de neonazis chilenos o la extravagante muestra artística del mural pornográfico que, así como apareció un día, al siguiente ya no existía. En fin, es un lugar que constantemente da que hablar por las situaciones que ahí van ocurriendo. Ahora, aunque desde hace muchos años atrás en realidad, el tema más bullado entre los vecinos del barrio San Borja son las grandes aglomeraciones, especialmente en horarios en que el parque en teoría está cerrado, que devienen en carretes masivos que se están haciendo continuamente en el parque, donde el alcohol y las drogas son protagonistas en fiestas desenfrenadas donde incluso el sexo en público no está ausente. Sobra decir que todo esto ocurre en detrimento del aseo y ornato del parque, una intensa contaminación auditiva, y la situación de intranquilidad que se trasmite a todo el sector.

Si uno va al parque cualquier día, se podrán ver a grupos de jóvenes compartiendo alegremente una cerveza o un “pitito” a vista y paciencia de todo el mundo, no faltan los vendedores ambulantes y los comerciantes ad hoc para surtir de alcohol y droga a los que están carreteando en el lugar. Naturalmente también hacen presencia delincuentes, especialmente al llegar la oscuridad de la noche. Van desde los carteristas de ocasión a los cada vez más frecuentes y violentos “cogoteros”. Llama mucho la atención que, a unos pocos metros están los carabineros, quienes sólo hacen un par de rondas de vez en cuando sin mucho impacto en el “carrete”.

Los vecinos, principales víctimas de la delincuencia e insalubridad que generan los residuos del carrete en el parque, al parecer han caído en el abandono de parte de las autoridades. No se ve solución a esta problemática al corto plazo, parte de la denominada “zona cero” que recibió este nombre dados los combates que libraron manifestantes y carabineros durante el estallido social.

Quizás por ahí va el problema. Hay un “tabú” con el concepto “orden público”, dada la extensa represión que se hizo de los legítimos movimientos sociales. Pero en esto no hay espacios para neutralidades, no se puede dejar que los delincuentes se crean los dueños de la calle, y que sea el ciudadanía honesta la que tenga que tener miedo. Los delincuentes no son movimientos o expresiones sociales, son lumpen, individuos que parasitan el bienestar de la comunidad y deben ser juzgados con toda la firmeza de la ley.

En otra columna que hice para “La Gaceta Radical”, hablaba de recuperar los espacios para los habitantes de la ciudad y la importancia que esto tiene para el desarrollo de la vida de los vecinos. Aunque se han dado pasos acertados en la lucha contra la delincuencia y el control del comercio ambulante, como la regularización del barrio Meiggs en Estación Central, aún falta mucho para recuperar nuestra ciudad. Un paso importante, a mi juicio, sería recuperar el histórico Parque San Borja para que los vecinos lo puedan usar como un espacio de recreación y convivencia familiar, pero para ello se requiere que las autoridades, carabineros y el municipio hagan lo que les corresponde hacer, es decir, combatir la delincuencia que está destruyendo el parque y sus alrededores.

 No será hoy, ni mañana, pero es muy importante que se logre este objetivo para que podamos tener una mejor ciudad, que esté al servicio de la comunidad y no de los delincuentes y las personas de pocos escrúpulos que con su actitud dañina se han adueñado de los espacios de todos, para luego destruirlos. Cada vez que perdemos un espacio público, como habitantes de la ciudad, perdemos un poco de nuestra libertad y calidad de vida.

 

Este artículo llega a ustedes como parte del Proyecto de Fortalecimiento Técnico Audiovisual de La Gaceta Radical, gracias al financiamiento del Fondo de Fomento de Medios de Comunicación Social del Gobierno de Chile y del Consejo Regional Metropolitano de Santiago.

Mario Higuera Sánchez

Por Mario Higuera Sánchez

Investigador. Magíster en Historia UNAB.