Venezuela: Diciembre de 2020

Geopolítica

Venezuela se desarrolla en medio de una pandemia vírica, donde la misma  se encuentra relativamente controlada con menos de 1000 personas fallecidas hasta el momento, lo que ha permitido, un manejo exitoso de la situación de salud, en comparación a otros de la región y del mundo.

Sin embargo, la crisis económica, agravada por la intervención desde la superpotencia, los Estados Unidos, llevó al gobierno de Obama primero y de Trump después, a decretar siete órdenes ejecutivas de embargo económico-financiero, donde se declaró a Venezuela un “peligro para la seguridad nacional de los Estados Unidos”, atacando objetivos centrales básicos como el petróleo, las reservas en oros, importaciones de alimentos y medicinas para la población. En el año 2017, fueron devueltas 23 operaciones en el sistema financiero internacional de Venezuela valoradas en 39 millones de dólares para la compra de alimentos, insumos básicos y medicinas. A su vez, en el 2018, todos los activos de Venezuela fueron objeto de un embargo que superó los 7 mil millones de dólares, unido al bloqueo de CITGO, la filial venezolana de petróleo en Estados Unidos. No sorprende que durante las faenas del año 2019, se extrajeran 1,5 millones de barriles diarios menos que en el 2014. En una palabra, una verdadera guerra económica contra todo un pueblo, que en vez de debilitarlo, lo fortalece en su voluntad de lucha de liberación frente al terrorismo mediático, político y económico que vive.

El resultado de lo anterior y su impacto en la estructura económica se manifestó en la reducción de las divisas internacionales, las cuales disminuyeron un 99% entre los años 2014 y 2020, pasando de 58.000 millones de dólares en el año 2013 a 470 millones en el año 2020. De forma más clara, esto se traduce en que cada de 100 dólares que percibía el país en el año 2014 por las exportaciones de petróleo, hoy se reciben menos de 2 dólares.

Como resultado, la economía venezolana, medida según su Producto Interno Bruto (PIB), se redujo un 65,4% entre los años 2014-2019, impactando en el desempleo que alcanzo al 30% en dicho período.

El gasto social que en su momento inicial  alcanzo a mil millones de dólares para subsidiar 37 programas sociales en áreas básicas, más los recursos que han entrado al gobierno, han permitido financiar el programa de alimentos CLAP para seis millones de familias, más 3,5 de construcción de viviendas sociales en todo el territorio, con precios sociales solidarios, subsidiados para la mayoría de los servicios. Así mismo estos recursos, han permitido que dicho gasto social, se incremente y se oriente hacia los sectores C3-D y E, de la escala de estratificación social, que alcanzan a un 80% de la población aproximadamente.

Política Interna

No existe en Venezuela un sector opositor unificado y coherente. La sociedad está polarizada en tendencias difíciles de obtener un consenso unitario.

Es importante recordar que Estados Unidos, ha promovido Golpes de Estado a lo largo y ancho de América Latina, y su influencia política, económica y militar es tan grande, que refleja el fenómeno geopolítico que se llama “Neocolonialismo”.

Es así como por ejemplo un sector de la oposición apuesta por la abstención electoral, rechazando la salida democrática-electoral de la crisis, y sumándose al boicot impulsado desde el gobierno de los Estados Unidos. Así el patrón se repite entre las fuerzas políticas que no participan, y en forma anticipada, acusan fraude del gobierno. Táctica que no es para nada nueva y se viene repitiendo en la región americana, mediática y permanentemente para favorecer los intereses que se ven amenazados por las diversas medidas de transformación social y política en nuestras sociedades. Este sector, más fundamentalista y conservador, similar a VOX en España y a la derecha europea, no se limitó a tan solo impulsar acciones contra el gobierno sino que han promovido una invasión militar al territorio nacional con apoyo norteamericano y mercenarios extranjeros, pasando por intentos de asesinato del Presidente de la República y líderes del gobierno, sin olvidar numerosos actos de sabotaje y persecución política.

Y así viene siendo desde años la intervención estadounidense, operando desde Colombia con el beneplácito de su gobierno, todo ello instrumentalizado por el encargado de negocios de Estados Unidos para Venezuela James Story y Raphael Foley de la unidad encargada de los asuntos de Venezuela  en Colombia, VAU, por sus siglas en inglés.

Y esta es tan solo la información que es de publico conocimiento. El panorama de una oposición polarizada, entre sectores golpistas-terroristas y otros eminentemente políticos, quedo muy bien descrito en el libro escrito por el ex asesor de seguridad nacional del Presidente Trump, John Bolton, como una prueba más de ese gobierno, del apoyo a grupúsculos funcionales a los intereses estadounidenses, sin apoyo social, solo interesados en obtener financiamiento para sus planes desestabilizadores sin ninguna legitimidad en el tejido social venezolano.

Sin embargo, otra parte de la oposición interesada en participar en forma democrática  en las elecciones, formaron la Alianza Democrática, una combinación política heterogénea de sectores políticos que van desde evangélicos, hasta partidos de múltiples tendencias como Acción Democrática, COPEI, católicos y otros grupos difusos.

Por su parte, en el sector gubernamental, existen también fisuras y escisiones en el Gran Polo Patriótico Simón Bolívar, la alianza de gobierno, y el Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV). Partidos y organizaciones de izquierda, agrupados en la Alternativa Popular Revolucionaria (APR) que presentan candidatos fuera de la papeleta del PSUV, se cohesionan bajo el amparo del Partido Comunista de Venezuela (PCV). Este agrupamiento contiene doce organizaciones entre partidos y movimientos. Es importante, porque permite destacar que después de años, surge una alternativa distinta al PSUV como partido de gobierno, convirtiendo la elección parlamentaria en una contienda de competencia interesante, puesto que lo relevante es la participación ciudadana y la ruptura de la polarización social y política de la sociedad venezolana.

Elecciones

El domingo 6 de diciembre del 2020, con un padrón electoral de 20.733.941 electores, Venezuela escogió a 277 diputados a la Asamblea Nacional, entre 14 mil aspirantes para los siguientes cinco años, el periodo 2021-2025, los cuales tomarán posesión el 5 de enero próximo. Cabe destacar que el voto no es obligatorio. Considerando la tradicional apatía del electorado venezolano, una participación entre el 42 al 47 por ciento del total del padrón electoral, hubiese sido considerado un éxito para el gobierno. Votó un 40% según las cifras oficiales.

Participaron 107 organizaciones políticas y grupos de electores de las cuáles son 30 nacionales, 53 regionales, 6 indígenas nacionales y 18 indígenas regionales.

Respecto del sistema electoral, de un total de 277, el 58% o sea 144 diputados fueron electos por sistema proporcional, mientras que el 48%, 133 diputados con forma uninominal. Todo esto a través de 14.221 centros de votación a nivel nacional, que constituyeron 29.622 mesas de sufragios.

En paralelo, se constituyeron más de 1.250 tribunales en todo el territorio nacional para analizar y solucionar cualquier denuncia sobre el proceso electoral. A su vez, se ha dispuesto por la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), la cantidad de 250 mil efectivos desplazados por el Plan República para el buen desarrollo del orden en el proceso electoral.

La observación internacional suma una cantidad de 1.500 veedores, tanto de organizaciones políticas, organismos internacionales, ex presidentes, en total provenientes de 34 países.

Por la abstención electoral, las divisiones en la oposición y la falta de proyecto alternativo de estas agrupaciones heterogéneas, las fuerzas gubernamentales volvieron a tomar la mayoria calificada de la Asamblea Nacional. Dicho resultado recuerda mucho al de las parlamentarias de 2005. Ciertamente no es una situación ideal, pero frente al bloqueo institucional anterior, esperamos que la nueva legislatura facilite el reencuentro entre los venezolanos encaminado al país hacia la solución de los gravisimos problemas que los aquejan, y no al sabotaje interno que nada ha logrado ni nada contribuye en el mejoramiento de la situación nacional.

Estrategia

Nadie puede desconocer los problemas que padece Venezuela, que van desde la inseguridad, pasando por la ineficiencia en la administración y gestión de sus políticas públicas hasta la corrupción. Estos problemas y dilemas, solo le corresponde resolverlos al pueblo venezolano de manera soberana, sin injerencia externa de ningún tipo.

Por ello, la elección del nuevo parlamento es fundamental a objeto de lograr acuerdos y diálogos necesarios, entre oposición y gobierno, que hasta ahora no se ha logrado, producto de la incapacidad de articular una alternativa viable, democrática y moderna, tolerante a la diversidad entre los distintos actores.

Un país en crisis económica por el bloqueo de la principal potencia mundial, por razones de carácter geopolítico, se encuentra en el deber de reactivar y reconstruir su estructura económica con énfasis en la defensa de la independencia nacional. Venezuela debe superar las debilidades de sus aparatos productivos en el marco de evolucionar a un modelo distinto al actual. Pasar del presente capitalismo rentista, absolutamente obsoleto, superado por los acontecimientos y necesidades del pueblo venezolano, a otro de industrialización, con una economía social de autogestión comunal moderna en todas sus áreas. Es el momento más crítico que vive el país.

 


 

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Miguel León Prado

Por Miguel León Prado

Abogado de la Universidad de Chile (1972). Actual Profesor Investigador en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela.