¿Qué fue de Gonzalo Blumel? Auge y caída

“Llegó por la puerta de atrás y se fue por la puerta de atrás”

Quizás, esta frase es la que mejor define la defenestrada participación de  Gonzalo Blumel como  Ministro del Interior de Piñera.

Desde el primer momento hubo algo raro con el ministro Blumel, daba la impresión de que su llegada al Ministerio del Interior, no era otra cosa que un mal entendido, algo que no debería haber ocurrido.

Recordemos; La noche del 28 de octubre de 2019, luego de varios días de violencia producto del estallido social, Piñera anunció su nuevo gabinete para afrontar su imaginaria guerra contra los ciudadanos movilizados en todo Chile. Al parecer, la primera opción del presidente era darle la cartera de interior a Felipe Ward, pero este, notando el mal momento para asumir dicha responsabilidad, declinó el puesto y solicitó asumir otro ministerio, todo esto con el personal periodístico de todos los canales de televisión a metros de distancia en el salón O’Higgins de La Moneda. La solución de Piñera a este imprevisto, fue la más apresurada e intempestiva: Agarrar al primero que le diera el sí a su oferta ministerial, oferta que incluía, recordemos, asumir el desastre social provocado por la desidia y arribismo de los amigos de Piñera en el gabinete. No sabemos cuántos fueron los cercanos al presidente que se negaron a asumir el Ministerio del Interior, que estaba en el peor momento posible, y con justa razón, nadie quiere asumir el costo político de ser el reemplazante de Andrés Chadwick, en pleno estado de sitio y con hechos de violencia desatados en todo el país. Lo que sí sabemos es quien le dio el sí: Gonzalo Blumel.

Blumel, es un hombre de poco más de cuarenta años, un político que venía en ascenso y miembro de una nueva generación de la derecha chilena, más moderna y sobre todo alejada de la figura del dictador Augusto Pinochet. Fue presentado como el perfecto ejemplo del recambio que estaba experimentando el sector y que se veía reflejado en un gabinete donde rostros como los ministros Ward, Sichel, Briones y Rubilar aportan juventud a la gestión de la crisis. No olvidemos que Blumel llegó a reemplazar a Andrés Chadwick, viejo emblema del Chile dictatorial y de la corriente de los llamados “coroneles” de la UDI.

Al poco andar, la crisis se profundizó más. La cifra de muertes y mutilaciones se disparó y la actitud del ministro Blumel, otrora cercana a las nuevas generaciones como “capitalista de rostro humano” y “progresista” se fue endureciendo. Lejos quedó la imagen de aquel muchacho que, guitarra en mano entonaba alegres melodías para los medios de comunicación. Al cabo de unas pocas semanas, nada quedaba de aquel jovenzuelo que inició su carrera política en la municipalidad de Pitrufquén y que luego de unos años de trabajo llegó a uno de los cargos más altos del aparato público. Solo se veía un hombre vacío, sin mayor control sobre su vida y mucho menos el ministerio que encabezaba.

Desde el minuto uno, Blumel estuvo en entredicho por su marcada inexperiencia para ser el número dos de La Moneda. La primera derrota del nuevo ministro fue ante los medios de comunicación y la ciudadanía, quienes exigían respuestas por los cientos de casos comprobados de violaciones a los derechos humanos que se cometían diariamente por parte de las fuerzas de orden y seguridad, que estaban bajo directa dependencia y responsabilidad del nuevo ministro del interior.

Inmediatamente, Blumel comenzó a ser objeto de innumerables querellas y denuncias que exigían que asumiera su responsabilidad política por los abusos cometidos por el Estado. Quedó clara su imposibilidad para manejar la crisis, la que se le fue completamente de las manos. Dicho eso, el 15 de noviembre, ante todo Chile, el gobierno y los partidos oficialistas aceptaron la derrota y accedieron al acuerdo constituyente, que sentenciaba, entre otras cosas, la muerte de la constitución de Pinochet, elaborada por Guzmán, fundador de la UDI. Así Blumel confirmaba que no dio el ancho como negociador principal del gobierno y su coalición.

La segunda derrota importante del gobierno fue el 11 de diciembre de 2019. Luego del estallido social, Gonzalo Blumel, tuvo que demostrar su talante como nexo entre el gabinete y  el congreso. Nuevamente, el ministro Blumel, fue totalmente incapaz de defender a su antecesor Andrés Chadwick, primo hermano de Piñera, en la acusación constitucional que lo liquidó políticamente hasta 2024. Esto le generó conflicto directo con la UDI y sus ministros, quienes le recriminaron que no apoyó a Chadwick y lo dejó a merced de la oposición[1].

Para fortuna de Blumel aún contaba con la ayuda del ministro Ignacio Briones, quien arribó a su cartera el mismo día que él. Juntos idearon una propuesta para reactivar la economía de cara a la crisis social que se avecinaba para marzo. La llegada de las fiestas de fin de año y las vacaciones de verano sirvieron para bajar un poco la tensión social y darle un breve respiro a su gestión.

“Meme” publicado en Twitter. Los antedichos, se echaban la culpa mutuamente, tratando de eludir burdamente su responsabilidad en la represión.

Luego de las fiestas de fin de año, Blumel volvió a la carga, con una atrevida propuesta de reforma a varios ministerios, en particular a la cartera de Interior y la Secretaría General de Gobierno. El plan era que Interior solo se ocuparía de “las cosas políticas”, o sea del avance del programa de gobierno, lo que lo sacaba del foco crítico, delicado y divisivo de las protestas y se desligaba de esa responsabilidad, entregándosela exclusivamente a Carabineros. Piñera, viendo como Blumel intentaba huir de la primera línea política, inmediatamente mandó la iniciativa de Blumel al baúl de los recuerdos. Otro trago amargo para el segundo hombre de La Moneda[2].

El coronavirus fue otro enemigo implacable para Blumel. Luego de finalizada la temporada estival, inmediatamente comenzaron a aparecer los primeros infectados de COVID-19. El gobierno, a regañadientes y por sectores comenzó una cuarentena a medias, que después se vió obligado a endurecer, cuarentena que hasta el día de hoy ha afectado profundamente la calidad de vida de los chilenos ya que el Estado no garantizó las condiciones mínimas económicas para permitir el confinamiento a todos los sectores sociales de la población, por lo que naturalmente,  las protestas volvieron. Esto motivó al oficialismo y la oposición a  presentar una serie de proyectos en materia política y social. Cada proyecto presentado por el gobierno fue duramente criticado por la oposición, lo cual podría no sorprender necesariamente, mas, las críticas más duras venían curiosamente también de sectores oficialistas, lo que confirmaba definitivamente el divorcio entre el gabinete Blumel, y la derecha parlamentaria. Ante la desesperación por una solución inmediata, el poder ejecutivo compró cajas de alimentos y las distribuyó a la rápida desplegando un show mediático masivo para paliar la baja aprobación de los ministerios, cosa que por cierto, no resultó: otra piedra en el zapato para Blumel. De las cajas, solo sentenciamos, que esperamos el estudio de su utilidad final para la población, que de momento solo nos queda claro que fue el salvavidas político-mediático más caro de la historia.

Las desventuras del gabinete Blumel no cesan, a tal punto de que uno se pregunta si acaso la fama de yeta de Piñera, no será contagiosa… Así la aprobación de la ley que limita la reelección de los cargos políticos vino a sumar un clavo más al ataúd político de Blumel. Luego de que el gobierno promulgara dicho cuerpo legal, inmediatamente comenzó a recibir el fuego amigo de la UDI y RN, quienes lo acusaron de carecer de liderazgo político en esta materia. Blumel habría sido el principal impulsor de que el ejecutivo no vetara la ley y con esto el gobierno mandó al congelador a numerosos caciques derechistas, con lo que socavaron de hecho sus propias bases de apoyo político[3]. Para Blumel el costo a pagar fue la total enemistad de la UDI, quienes endurecieron sus críticas hacia el ministro del interior, a quien achacaron los fracasos de todo el gobierno, a lo que se sumaba la unánime queja de los alcaldes de todo color político, respecto a las insuficientes medidas sanitarias del gobierno para afrontar la crisis del COVID.

Si aún le quedaba algo de energía a Gonzalo Blumel, esto se acabó el día que el Congreso aprobó el retiro del 10% de las AFP, nuevamente demostrando que el gabinete Blumel era totalmente incapaz de controlar al congreso, incluso a sus propios parlamentarios, sin mencionar la completa desconexión del gobierno con el sentir popular. Ahí estaba Blumel, en primera línea para poner su cara en representación del gobierno y firmar un nuevo fracaso. Para Blumel, esta fue su última actuación política en los 9 meses que duró como jefe del gabinete de gobierno.

En resumen, Gonzalo Blumel fue presentado como un nuevo rostro que venía a renovar la política de derecha. El plan fue un fracaso total, demostrando que carecía de las aptitudes para ser el segundo a cargo del gobierno. No basta con ser un destacado tecnócrata, hay que saber navegar en los complicados mares de la política. Algunos dirán que estuvo en un difícil momento y mal lugar para asumir la cartera. Pero lo cierto es que no tuvo ni un solo logro que destacar durante su gestión, a excepción de la sepultación de la acusación constitucional en contra de Piñera, que de todas formas no tenía forma alguna de alcanzar los dos tercios en el Senado para ser aprobada. Del ministerio Blumel solo se cuenta una serie de fracasos continuos en su hoja de vida. No fue capaz de liderar nada, solo se limitó a seguir las órdenes del segundo piso de La Moneda, véase Larroulet, lo que le costó muy caro. Quedó con las manos manchadas de sangre y con una pésima imagen como cuadro político. Ni hablar de la destrucción de su imagen ante la ciudadanía. Blumel podría haber tenido un futuro brillante en esta imaginaria nueva derecha desligada del autoritarismo pinochetista, pero pasó a ser uno más de los personeros que caen en la lista negra de la política chilena, destruyó su carrera política por aceptar un cargo que no era para él. Pero ojo que en política se han visto muertos cargando adobe y posiblemente tengamos noticias de Blumel y su guitarra en algún momento.

La moraleja de esta historia es que cuando algo parece muy bueno para ser verdad, generalmente no es bueno. Seguramente Gonzalo Blumel no pensó en esto cuando decidió aceptar el cargo de ministro del interior.


Mario Higuera Sánchez

Por Mario Higuera Sánchez

Investigador. Magíster en Historia UNAB.